Desde pequeña, siempre me gustó coleccionar, o mejor dicho, juntar de todo y variado, desde flores secas u hojas a sellos.
Con los sellos empecé sobre los 8 o 9 años. Aún sigo entusiasmada con la filatelia, concretamente con Filatelia Abierta ya que es la más amplia, completa y divertida por la variedad de material filatélico y de otros coleccionismos que se puede utilizar para realizar una colección.
Con la colección de etiquetas me pasa algo similar. Sobre mayo de 2015, me encontré en una papelera una botella de agua que era distinta a las que normalmente veía en las áreas de consumo. Soy embellecedora de calles 😊 o barrendera, título a elegir; al quitar una papelera que estaba a rebosar, allí estaba colocada en lo alto para que yo me fijara en ella. Casualidad... Me gusta creer en las casualidades. Se me ocurrió leer la etiqueta, Manantial Fontedoso de Ávila. Me pareció curioso que una botella de agua viajara hasta aquí. Ignorante de mí, nunca me fijara en la procedencia de las aguas que podemos encontrar en cualquier supermercado. Quité la etiqueta a duras penas, de hecho, algún trozo de papel quedó en la botella y me la guardé.
A partir de ahí, me fijaba en todas las aguas embotelladas, de hecho, al entrar a un súper cualquiera, a donde voy primero es a la sección de aguas.
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