Millones de colillas y otros residuos, se echan a las rejillas de las aguas pluviales. En la gran mayoría de los casos, estas aguas de lluvia no pasan por las depuradoras ya que, se supone que solo es agua limpia y nada más.
Solo os digo que, un día cualquiera en un simple paseo, os fijéis en las aceras o bordes de carreteras, por muy limpias que estén, siempre hay alguna colilla, plástico o papel. Con una simple limpieza con agua o una lluvia algo intensa, estos residuos irán para las alcantarillas y de ahí, al mar.
Ahora, coger unas cuantas colillas y echarlas en una botella de agua. El agua amarillea, con solo unas pocas. El mar parece inmenso pero esos millones de residuos, entre ellos las colillas y plásticos, acaban engullidos por los peces, y estos, nos los comemos.
Pensar, antes de tirar algo al suelo. No cuesta nada llevarlo con nosotros hasta la papelera o contenedor más cercano. Mi abuela siempre me decía que, me pesaba más antes de consumir el contenido que después, y no había motivo para deshacerme de él a la ligera ni en cualquier lugar inapropiado.
Esta imagen me la envió mi amigo José Ramón, “El Sevi”. Creo que es de una rejilla de pluviales en Cádiz. Una imagen vale más que mil palabras. Resume todo lo anterior dicho.
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