Las aguas minerales naturales son de origen subterráneo, protegidas contra los riesgos de contaminación, bacteriológicamente sanas y con una composición constante en minerales y otros componentes, lo que les confiere propiedades favorables para la salud.
En función de la concentración de minerales que contengan, existen los siguientes tipos de agua mineral:
Agua de mineralización muy débil: hasta 50 mg/l de residuo seco.
Agua oligometálica o de mineralización débil: hasta 500 mg/l de residuo seco.
Agua de mineralización fuerte: más de 1500 mg/l de residuo seco.
Agua bicarbonatada: más de 600 mg/l de bicarbonatos.
Agua sulfatada: concentración de sulfatos superior a los 200 mg/l.
Agua clorurada: más de 200 mg/l de cloruros.
Agua cálcica: concentración de calcio superior a 150 mg/l.
Agua sódica: concentración en sodio mayor de 200 mg/l.
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